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Superar el ‘tsundoku’enero 14, 2017 11:28 am

Superar el ‘tsundoku’

por Delia

En su bonito álbum Lost in translation, publicado en España por Libros del Zorro Rojo, Elle Frances Sanders recopila e ilustra palabras intraducibles de distintos idiomas. Entre ellas, la japonesa tsundoku, término que designa la acumulación de libros no leídos.

Mi tsundoku no es crónico, pero sí cíclico: suele tener un pico en primavera, cuando se suceden el Día del Libro, mi cumpleaños, el de Mikel y la Feria del Libro; y otro en Navidad. Por lo general, me encanta tener lecturas pendientes, son como una promesa de felicidad asegurada. Pero puede que este año sea la primera vez que enlace un tsundoku con otro, porque mis planes de futuro inmediato no auguran mucho tiempo libre.

En lo más alto de mi montaña de libros pendientes está Qué vergüenza (Seix Barral), primera obra de la chilena Paulina Flores. En 2016 he leído a muchas autoras noveles, como Alicia Kopf (Hermano de hielo, Alpha Decay), Gabriela Ybarra (El comensal, Caballo de Troya) o Emma Cline (Las chicas, Anagrama), todas saludadas como grandes debuts.

Por un lado me alegra que haya tantas escritoras jóvenes irrumpiendo en la escena literaria, pero también me lleva a preguntarme si no serán víctimas de cierto tsundoku mediático, siempre a la búsqueda de la última novedad, en el que cada título sepulta al anterior. No me gustaría olvidar que Selva Almada o Guadalupe Nettel, que fueron recibidas con entusiasmo similar en temporadas anteriores, siguen publicando. Y qué decir de veteranas en plena forma que han vuelto en 2016, como Edna O’Brien (Las sillitas rojas, Errata Naturae), Margaret Atwood (Por último, el corazón, Salamandra) o Paloma Díaz-Mas (Lo que olvidamos, Anagrama).

Espero que Flores, Kopf, Ybarra o Cline no sean un one hit wonder. Ojalá sigan escribiendo buenos libros en los próximos años y obtengan la repercusión que merecen. Es cierto que ha habido autoras maravillosas con una única obra: me vienen a la cabeza Jetta Carleton y su inolvidable Cuatro hermanas (Libros del Asteroide) o Harper Lee con Matar a un ruiseñor. Pero preferiría que estas jóvenes autoras tuvieran carreras un poco más fructíferas, para que sigan contribuyendo a mi tsundoku con libros trascendentes o, al menos, entretenidos.

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