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Terrible animal son veinte años

Terrible animal son veinte añosoctubre 1, 2015 11:57 am

Paseo por Tetuán (Madrid)

Paseo por Tetuán (Madrid)julio 2, 2015 12:01 pm

No estamos solos

No estamos solosabril 24, 2015 4:41 pm

Novelas para psicoterapeutas

Novelas para psicoterapeutasmarzo 10, 2015 9:19 am

Paseo por el (no tan) Lejano Oeste

Paseo por el (no tan) Lejano Oesteenero 25, 2015 3:08 pm

Terrible animal son veinte años

por Delia

«Terrible animal son veinte años. No hay batalla tan sangrienta ni tan trabada escaramuza como la que trae la mocedad consigo.»

Desde la relativa tranquilidad de la treintena puedo citar a Mateo Alemán con la autoridad del superviviente. Es posible que las batallas y las escaramuzas a las que aludía el autor del Guzmán de Alfarache en 1599 no fueran metafóricas, pero con ese sentido figurado se puede leer hoy la frase y compartirla.

Menos interpretaciones requiere este otro párrafo sobre la juventud, ya del siglo XIX:

«Gastábamos cuanto podíamos, obteniendo a cambio tan poco cuanto la gente quería darnos. Siempre estábamos más o menos disgustados y la mayoría de nuestros conocidos estaban en parecida situación. Reinaba entre nosotros la alegre farsa de que nos divertíamos constantemente y la verdad nuda y cruda era que jamás lo conseguíamos.»

Lo escribió Charles Dickens en 1861, en su novela Grandes esperanzas (p. 298 en la edición de Cátedra de 2001). Suena tan actual que casi me alegra, porque si llevamos siglo y medio criticando a la juventud sin objetivos quiere decir que alguien, al final, sí que logra llegar a otra etapa, esa en la que ya puedes quejarte o desconfiar de los jóvenes que te suceden.

Cómo se pasa de una etapa a otra es un misterio sobre el que muchos autores también han escrito. Tanta novela de iniciación, tanto rito de paso literario más o menos explícito. Me quedo con este resumen en forma de diálogo que Laura Colwin pone en la boca de los dos primos protagonistas de Tantos días felices (1978):

«-Sigo esperando a que alguien me haga entrar en vereda, pero nadie lo hace. Y continúo creyendo que cuando sea mayor lo tendré todo bajo control. Un buen día me despertaré y seré adulto.
-No, eso no va a pasar. Te despertarás y te sentirás más cansado que de costumbre y descubrirás que has perdido la paciencia con un montón de cosas que te parecían normales. O puede que tengas suerte.»

Ojalá todos tengáis suerte.

1 comentario

  • Elisa says:

    ¡Y tanta poesía! Propongo a Jaime Gil de Biedma «que la vida iba en serio/uno lo empieza a comprender más tarde/ Como todos los jóvenes, yo vine/ a llevarme la vida por delante» y, con homenaje incluido al anterior, a Felipe Benítez Reyes «como todos los jóvenes/ he apostado mi alma al diablo/ y he vendido mi alma a precio de inexperto».

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Paseo por Tetuán (Madrid)

por Delia

He vivido en Madrid casi 14 años, la mayoría de ellos en el distrito de Tetuán. Este barrio, que una vez oí definir como mitad Manhattan, mitad el Bronx, se encuentra al norte de la almendra central de la capital y va desde las infraviviendas del Paseo de la Dirección hasta los rascacielos de Azca.

Tetuán es feo como son las cosas feas en Madrid, es decir, animado, sucio, vivo, caótico, pobre a un lado de Bravo Murillo, pijo al otro, con una mezcla de conservadurismo rancio y sensualidad low cost que no consigue atraer ni a modernos ni a inversores.

Ya no hay cines en Tetuán, aunque nos queda alguna librería (la gastronómica Aliana, la de segunda mano Alcaná). Ahora la moda es abrir gimnasio baratos, pero esa burbuja también pasará, como la de los salones de manicura o los perfumes de sustitución.

En el blog de Bea Burgos y en Aquí Tetuán puedes encontrar mucha información de lo que está ocurriendo ahora mismo en el barrio, y en este post de Urban Idade, algo de su historia. Otra forma muy recomendable de pasear por Tetuán es a través de las páginas de Los aires difíciles, de Almudena Grandes, o de Saber perder, de David Trueba. Yo os dejo aquí algunas imágenes de mi paseo particular.

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No estamos solos

por Delia

La vida del freelance puede llegar a ser horriblemente solitaria. Hay días en los que lo más parecido a una conversación es decir «te abro» al cartero comercial cuando toca al timbre. (Todos los que nunca abrís al cartero comercial: un poquito de solidaridad, amigos. Volved a ver Los lunes al sol y esa escena en la que Bardem reparte publicidad. Además, levantarte de la silla te viene bien. Luego tiras los papelitos a reciclar y punto).

Somos muchos los autónomos que trabajamos solos en casa, ajenos aún a la moda del coworking. A muchos nos gusta, pero es cierto que a veces se hace un poco duro no ver a nadie en toda la jornada, más allá de los mencionados carteros, agentes del Círculo de Lectores y miembros de distintas sectas que hacen proselitismo puerta a puerta (con inmobiliarias y eléctricas a la cabeza del bombardeo).

Para los momentos de bajón, recuerda que no estamos solos. No te lo digo yo, te lo dicen mis estanterías, en las que proliferan libros entre el humor y la autoayuda que reflejan algunos de los placeres (y las angustias) de trabajar por cuenta propia.

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Novelas para psicoterapeutas

por Delia

Cada vez que doy con un libro que me gusta mucho suelo pensar (no parece una idea demasiado original, por otra parte) a quién se lo recomendaría. Y con una extraña frecuencia viene a mi cabeza el nombre de Carola,  una buena amiga que se dedica a la psicoterapia.

Resulta apabullante la cantidad de referencias que se hacen a su profesión y aledaños en todo tipo de obras de ficción, imagino que porque bucear en la mente y las emociones humanas es también la esencia de la literatura. Sin buscarlos, me he ido encontrando con psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas en muchas novelas: aquí os dejo una lista con algunas de las que más me han gustado, sin pretender hacer un estudio exhaustivo sobre el tema (la compilación podría ser más extensa que el DSM).

  • Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald (Alfaguara), o la no tan sutil línea entre genialidad y locura, amor y odio, arte y vida.
  • Alias Grace, de Margaret Atwood (descatalogado en España), o cómo el sesgo de clase y género ha condicionado profundamente las ciencias de la salud mental (y cabe preguntarse hasta qué punto lo sigue haciendo).
  • ¿Eres mi madre?, de Alison Bechdel (Random House), o cómo convertir tu terapia en un libro.
  • Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett (Blackie Books), o cómo convertir tu libro en una terapia.
  • Elegía para un americano, de Siri Hustvedt (Anagrama), o porqué los psicoanalistas también necesitan un psicoanalista.
  • La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides (Anagrama), o cómo resolver un triángulo amoroso en el que uno de los vértices tiene problemas psiquiátricos.

(Me he dado cuenta de que la lista me ha quedado muy anglosajona. La iré actualizando con otras referencias y, si queréis, podéis añadir las vuestras en los comentarios).

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Paseo por el (no tan) Lejano Oeste

por Delia

Empezaré por aclarar que la foto de entrada de este apunte no está tomada en ningún lugar del Oeste americano, sino en las Bardenas Reales (Navarra). Todos asumimos que la iconografía del western es una creación visual del cine (con aportaciones de la novela y el cómic) y a nadie le extraña demasiado que Almería sea Nuevo México o Alberta pase por Wyoming. Hay quien sostiene incluso que la mejor escena del género se rodó en Burgos.

Los clichés son básicos en la formación de un género y van mucho más allá de la imagen. Igual que se repiten los caminos polvorientos y las plantas rodantes, tenemos escenas de barra de bar, duelos a pleno sol, muertes que piden venganza, muchos más disparos que balas y una sorprendente escasez de personajes femeninos.

¿Cómo se las apañaron los americanos para colonizar la frontera con tan pocas mujeres? Por muy duros que fueran estos héroes solitarios, es obvio que no se reproducían por esporas. Sí había mujeres, mujeres de todo tipo, y algunas obras de ficción también las retratan a ellas.

Para asomarse a ese otro western, ya recomendé en mi lista anual Mi Ántonia, de Willa Cather, que como bien me puntualizó Karen, se publicó originalmente en 1918. Es decir, antes de que el cine extendiera esa imagen del Oeste pistolero.

Otros libros muy recomendables en los que se dan pinceladas sobre ese Oeste sin sheriff ni forajidos, pero con maestras, ingenieros, granjeras y emigrantes, son:

[FOTO: Mikel Navarro]

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