Cómo navegar

Arrastra para ver las entradas Usa las flechas del teclado Cambia de vista
Las reinas del patio

Las reinas del patiooctubre 27, 2017 10:30 am

Marcos

Marcosoctubre 18, 2017 4:11 pm

Volver

Volverseptiembre 8, 2017 10:47 am

Superar el ‘tsundoku’

Superar el ‘tsundoku’enero 14, 2017 11:28 am

Anticoncepción, mujeres y género

Anticoncepción, mujeres y génerojulio 7, 2016 8:45 am

Las reinas del patio

por Delia

Ayer estuve en la presentación en Madrid del libro Las reinas del patio, de la periodista Sonsoles Echavarren. Llegué tarde, porque Mikel tuvo un imprevisto de última hora en el trabajo y hasta que él no volvió a casa para quedarse con Samuel, yo no pude salir. Una anécdota nimia en la vida de los padres de un bebé de 9 meses, pero que viene al caso ya que son esos pedacitos de historias reales los que recoge Las reinas del patio. Pequeñas aventuras cotidianas a las que no damos importancia, porque conforman nuestro día a día, sin darnos cuenta de que precisamente por eso son relevantes: ¿qué puede haber más trascendental que lo que vivimos a diario?

La editorial Eunate ha publicado las columnas de opinión sobre maternidad, crianza y familia escritas por Sonsoles Echavarren en el Diario de Navarra. Con humor y una gran sensibilidad para reflejar su entorno, esta  madre de tres hijos comenta experiencias propias y ajenas sin dar recetas mágicas ni trucos milagrosos. Se nota el oficio de reportera, que es capaz de contar sin juzgar, y además lo hace con un ritmo, una coherencia y una voz propia que dan al libro una unidad más allá de la mera recopilación de artículos.

En realidad, antes de pasar por la imprenta y antes incluso de publicarse como columnas digitales, Las reinas del patio ya existía. Era un grupo de WhatsApp de madres que coincidían a diario en el patio del colegio para recoger a sus hijos y que habían terminado por hacerse amigas.

Ayer, en la presentación del libro, se destacaba que estos vínculos no existían en otra época: cuando éramos pequeñas nuestras madres no sentían la necesidad de hacer amistad con las madres de nuestros compañeros de clase ni nuestros padres se hacían amigos de los padres de nuestras amigas. Se apuntaron razones como la mayor implicación de padres y madres en todos los ámbitos de la vida de sus hijos o la facilidad que dan las redes sociales para establecer estos contactos, pero yo me aventuro a afirmar que el origen de todos estos cambios en torno a la crianza está en la baja natalidad.

Antes ser padre o madre no era una categoría definitoria. La mayor parte de adultos lo eran, por lo que no había necesidad de buscarte amigas madres para compartir experiencias, probablemente ya estaban en tu círculo antes de la maternidad y podíais pasar por esa fase más o menos a la vez.

Pero eso hoy no es tan común. Yo tengo 34 años y la mayoría de mis amigas no tiene hijos, así que sería lógico que buscara tejer esa red de la que carezco en el sitio que me pille más a mano. Aunque confieso que a mí, lectora empedernida y ciudadana un tanto huraña, casi me reconforta más leer las historias de Las reinas del patio en papel que ir a encontrarlas en directo.

[FOTO: Aaron Burden]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Marcos

por Delia

“Por fin, siendo ya adultos, Álex le había confesado que, por encima de cualquier otro, el motivo por el que le gustaban los libros era el orden que los caracterizaba: las nítidas líneas de letras negras sobre fondo blanco, su férreo paralelismo, la coherencia interna de la tipografía, los márgenes inviolados, los sencillos pero eficaces sistemas para identificar los capítulos y las notas a pie de página. […] También era aficionado al cine, donde el borde de la pantalla ponía frontera a las imágenes por desmesuradas que fueran. Al mismo tiempo, les prestaba legitimidad y atraía la atención sobre ellas. A Álex le encantaba disertar sobre el concepto de marco.”

Jon Bilbao: Estrómboli, Impedimenta

Editar, este oficio mío al que intento volver tras unos meses de baja, tiene mucho que ver con los marcos. Los editores nos ocupamos de los marcos del texto en este sentido de organización estructural al que se refiere Jon Bilbao en el estupendo cuento que da título a su último libro, Estrómboli, y también debemos estar atentos a las relaciones de significado que los marcos establecen. El famoso contexto.

En el ensayo Aragón es nuestro Ohio, el equipo Piedras de Papel explicaba la importancia de los marcos citando un estudio de Amos Tversky y Daniel Kahneman. Los investigadores piden a un grupo de estudiantes que elijan entre dos planes sanitarios para combatir una epidemia en un pueblo de 600 habitantes: con el plan A se salvan 200 personas, mientras que con el plan B hay una probabilidad de un tercio de que todos se salven y una probabilidad de dos tercios de que todos mueran. La gran mayoría de estudiantes optó por el plan A.

Sin embargo, otro grupo de estudiantes, al que se plantea el mismo problema cambiando solo la redacción de los enunciados, opta mayoritariamente por el plan B. ¿La diferencia? En vez de hacer hincapié en que con el plan A se salvan 200 personas, se decía que fallecerían 400 personas. Recordemos que es un pueblo de 600 habitantes, así que el balance es exactamente el mismo. Pero el marco ha cambiado y la información se recibe, por tanto, de forma distinta.

A la hora de editar libros de texto, especialmente, debemos ser muy cuidadosas con estos marcos. No podemos ignorar que la disposición de la información, la elección de una imagen o determinada redacción transmiten también un mensaje, y que este puede ser tan poderoso como esas palabras, negras sobre blanco, que fascinan al protagonista de Estrómboli.

[FOTO: Jessica Ruscello]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver

por Delia

Septiembre es el mes de la vuelta por antonomasia. La vuelta al cole, la vuelta al trabajo, la vuelta a la rutina después de las vacaciones de verano. El inicio del curso lectivo, político, mediático, cultural. Y aunque ya se sabe que los autónomos tendemos a una vida laboral más caótica y desorganizada que el resto, el mundo editorial sigue a rajatabla esta vieja costumbre de comenzar el año en septiembre y terminarlo en junio.

La rentrée me pilla un poco desubicada, la verdad. Con decir que aún no he leído Patria creo que basta para dar una idea precisa de mi retraso en las novedades literarias: dudo mucho que me dé tiempo a acabar ninguno de los grandes libros del otoño antes de que empiece 2018. De hecho, la novedad a la que tengo más ganas de hincar el diente es el séptimo volumen de Saga, la multipremiada serie de cómics de Brian K. Vaughan y Fiona Staples que engancha más que cualquier culebrón televisivo.

A la vez que me pongo al día con las lecturas de placer, tengo que recuperar mi ritmo de trabajo. Este septiembre es especial porque no solo vuelvo de unas vacaciones, sino de una larga pausa de siete meses dedicada a un proyecto personal. Así que ahora me toca volver a llamar a la puerta de antiguos clientes y (si no hay suerte con los anteriores) buscar otros nuevos.

Para mí es la parte menos interesante de mi trabajo como autónoma, esa en la que te sientes como un comercial intentando venderse a sí mismo. Pero aquí estoy. Tengo el lápiz rojo preparado y el portátil encendido. Toc, toc. ¿Os acordáis de mí? He vuelto.

[FOTO: Tim Gouw]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Superar el ‘tsundoku’

por Delia

En su bonito álbum Lost in translation, publicado en España por Libros del Zorro Rojo, Elle Frances Sanders recopila e ilustra palabras intraducibles de distintos idiomas. Entre ellas, la japonesa tsundoku, término que designa la acumulación de libros no leídos.

Mi tsundoku no es crónico, pero sí cíclico: suele tener un pico en primavera, cuando se suceden el Día del Libro, mi cumpleaños, el de Mikel y la Feria del Libro; y otro en Navidad. Por lo general, me encanta tener lecturas pendientes, son como una promesa de felicidad asegurada. Pero puede que este año sea la primera vez que enlace un tsundoku con otro, porque mis planes de futuro inmediato no auguran mucho tiempo libre.

En lo más alto de mi montaña de libros pendientes está Qué vergüenza (Seix Barral), primera obra de la chilena Paulina Flores. En 2016 he leído a muchas autoras noveles, como Alicia Kopf (Hermano de hielo, Alpha Decay), Gabriela Ybarra (El comensal, Caballo de Troya) o Emma Cline (Las chicas, Anagrama), todas saludadas como grandes debuts.

Por un lado me alegra que haya tantas escritoras jóvenes irrumpiendo en la escena literaria, pero también me lleva a preguntarme si no serán víctimas de cierto tsundoku mediático, siempre a la búsqueda de la última novedad, en el que cada título sepulta al anterior. No me gustaría olvidar que Selva Almada o Guadalupe Nettel, que fueron recibidas con entusiasmo similar en temporadas anteriores, siguen publicando. Y qué decir de veteranas en plena forma que han vuelto en 2016, como Edna O’Brien (Las sillitas rojas, Errata Naturae), Margaret Atwood (Por último, el corazón, Salamandra) o Paloma Díaz-Mas (Lo que olvidamos, Anagrama).

Espero que Flores, Kopf, Ybarra o Cline no sean un one hit wonder. Ojalá sigan escribiendo buenos libros en los próximos años y obtengan la repercusión que merecen. Es cierto que ha habido autoras maravillosas con una única obra: me vienen a la cabeza Jetta Carleton y su inolvidable Cuatro hermanas (Libros del Asteroide) o Harper Lee con Matar a un ruiseñor. Pero preferiría que estas jóvenes autoras tuvieran carreras un poco más fructíferas, para que sigan contribuyendo a mi tsundoku con libros trascendentes o, al menos, entretenidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anticoncepción, mujeres y género

por Delia

Acabo de leer una breve historia de los inicios de la “píldora” en España y Polonia (1960-1980) que me ha dejado los ojos como platos. ¿Sabíais que durante la década de los 60 la jerarquía católica se planteó respaldar el uso de la píldora dentro del matrimonio como una forma “natural” de ejercer la “paternidad responsable”? ¿Y habrías imaginado que en la España franquista, donde los anticonceptivos estaban prohibidos, la píldora se consumió más que en la Polonia comunista, donde su uso era legal?

El libro de Agata Ignaciuk y Teresa Ortiz Gómez, publicado por Catarata, cuenta cómo se introdujeron los anticonceptivos hormonales en estos dos países de fuerte tradición católica durante dictaduras de signo contrario. Al final, los problemas de producción y abastecimiento polacos resultaron entorpecer más la circulación de la “píldora” que  las leyes españolas.

Los laboratorios, con la complicidad de ciertos médicos, empezaron a ofrecer anticonceptivos hormonales en España bajo el nombre de anovulatorios u ovulostáticos para tratar supuestos desarreglos menstruales. Estos usos “terapéuticos”, considerados morales por muchos católicos, se fueron ampliando con el paso de los años hasta una progresiva normalización del uso de los anticonceptivos tras el fin de la dictadura.

En Polonia, con mayor presencia de mujeres en la profesión médica y un respaldo institucional al control de natalidad, el conocimiento de la “píldora” llegó a la vez que a España, pero su difusión resultó aún más problemática. Los medicamentos extranjeros eran caros y difíciles de encontrar y la producción autóctona, insuficiente para garantizar un uso continuado a las mujeres, que preferían otros métodos anticonceptivos, entre ellos el aborto, entonces legal y gratuito.

Así, las encuestas indican que en 1977 un 7% de mujeres polacas usaban anticonceptivos orales, frente a un 12% de las españolas. En ese mismo año, el 15% de las polacas afirmaba usar preservativo, frente a un escaso 5% de españolas. Una de las informantes a las que han entrevistado las autoras da una pista de por qué esa cifra tan baja: “Niña, qué cosa más dura era eso. Ahora vienen suavicos, pero eso era.. digo, pobretico, si eso se le iba a sollar [risa]. De duro que era [risa]. Era tremendo. Pero bueno. […] Era ilegal, eso era en las farmacias a escondidas, a escondidas. Hacían así como, como si fuera droga ahora”.

Los inconvenientes de la “píldora” también se trataron ampliamente en la prensa médica y generalista, tanto de opinión como revistas para mujeres, así como en las publicaciones feministas. Pero a las españolas parece que el temor a los efectos secundarios les influyó menos que a las mujeres de otros países, entre ellos Polonia, probablemente porque en la España de entonces adquirir anticonceptivos resultaba tan complicado que cualquier método seguro era bienvenido.

Tanto en la España como en la Polonia de la época las prácticas anticonceptivas más extendidas eran las más ineficaces, el coitus interruptus y el método Ogino, este último con las bendiciones de la Iglesia Católica, aunque mucha gente era consciente de su poca fiabilidad. Como cuenta otra informante: “hubo una charla en el pueblo de… donde era mi marido, a los padres y madres de familia enseñándoles el método Ogino, y bueno, de esa charla salieron como 14 o 15 niños”.

Aunque hoy parezca ciencia ficción, hubo un momento en el que la jerarquía eclesiástica se planteó cambiar su posición al respecto. Tras el Concilio Vaticano II, se convocó una Comisión Pontificia para la Población, la Familia y la Natalidad, que concluyó en 1967 con un informe mayoritario a favor de la autorización del uso de la “píldora” en los matrimonios católicos. El papa Pablo VI se decantó, sin embargo, por el informe minoritario y condenó cualquier control “artificial” de la natalidad (dónde está la naturalidad del método Ogino no me queda claro, pero prefiero no indagar en los fetichismos y obsesiones de cierta gente).

Todo esto, y mucho más, lo cuentan Agata Ignaciuk y Teresa Ortiz Gómez en Anticoncepción, mujeres y género. La “píldora” en España y Polonia (1960-1980), un libro que sintetiza con claridad los puntos más interesantes de una extensa investigación académica que también han plasmado en otras publicaciones especializadas.

Anticoncepción, mujeres y género

[La foto del libro es de sus autoras. La foto de portada de este artículo es de Oscar Keys, https://unsplash.com/@oscartothekeys]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *